Los fali ngoutchoumi del Norte de Camerún

Los fali se concentran en la Provincia Norte del Camerún  con algunos grupos dispersos por  el área nororiental de Nigeria donde son referidos como  Bana.  Llamados por los peul kirdi o `paganos´,  sus comunidades se encuentran  en los alrededores de poblaciones como Mayo-Oulo, Dourbeye, Mayo-Louiti, Hossere Bapara, Tsolaram, Hossere Toro, Ndoudja y Dembo.  Durante el siglo XIX se resistieron a la dominación fulbe  y se refugiaron en los  Montes Mandara, enclavados entre Camerún y Nigeria. Se emplean principalmente en labores agrícolas, cultivando mijo y sorgo también cultivan, aunque en menor medida, okra, maíz, cacahuetes, sandias, arroz, alubias y patatas. Ovejas, cabras, asnos, gallinas y alguna que otra vaca son criadas por algunas familias. La población fula suele despreciarlos, aunque mantienen con ellos intercambios comerciales  que les proporcionan  avalorios  que emplean en su  decoración  personal a la que otorgan mucha importancia. Cereales y algodón son del mismo modo intercambiados  por productos como la sal.

Las comunidades fali habitan  en bellas viviendas circulares que han sido construidas en adobe y techadas en vegetal .  En las aldeas,  cercadas por  empalizadas de paja   o protegidas por  arbustos, se encierran  diferentes construcciones familiares que dispuestas  en torno a un área central abierta  acogen diferentes viviendas, unas  destinadas a los hombres y otras a la mujeres, ya que los fali son poligamos

Afrika Pasifika Fali (11)

Aunque muchos fali han adoptado el Islam,  lo han hecho en menor medida en la Adamawa  nigeriana y aquellos que mantienen su  usos y costumbres tradicionales, se muestran  profundamente religiosos. Los fali que practican la religión tradicional,  creen en un dios único  al que están unidos por  antepasados sacralizados. Según su creencia y después de la muerte, el hombre abandona su cuerpo para alcanzar el  más allá, donde se convertirá en un ser inmortal que disfruta de una juventud eterna en un pasaje amable y fértil.

Desde el anuncio de la muerte, parientes y amigos acuden a saludar a los familiares más próximos del difunto depositando  bandas  de algodón sobre su cuerpo. Tras el canto funerario, el muerto es entregado a los herreros que le envolverán a modo de momia mientras  tanto, se organizan  danzas rituales. El primero de estas danzas  surge acompañada por el  sonido producido por largos  silbatos elaborados con corteza; la segunda, por la música de pequeñas flautas talladas en  madera  que vibran por bisel.

Afrika Pasifika Fali (2)

Los tambores sagrados simbolizan el principio masculino y el principio femenino. Los jóvenes  aparecen entonces con trofeos de caza pertenecientes al difunto, formando un círculo alrededor de los primeros bailarines y un segundo en sentido contrario con el fin de que el equilibrio fundamental de que el  mundo mítico, masculino y femenino en su esencia, no sea perturbado. Uno de los momentos esenciales de este rito funerario de los fali de Ngoutchoumi es  el ascenso y salida del tambor femenino, que es portado por el jefe; momento culminante  donde cada miembro de la comunidad  toma consciencia de la importancia de todos aquellos aspectos que  les brindan fuerza y vida. La danza entonces es interrumpida hasta  la puesta del sol, cuando el profundo silencio se ve repentinamente interrumpido por el tumulto. Suena una trompeta, se baten los tambores y aparece el difundo envuelto en banas de algodón, tan sólo las manos y los pies al descubierto. Los familiares más cercanos emplazan sobre la punta de un cuchillo la planta sagrada, haciéndola girar sobre el cuerpo del difunto y sus los suyos propios para más tarde lanzarla lejos y deshacerse así de las enfermedades que ahora contiene.

Seguidamente cobran protagonismo las abluciones rituales con cerveza de mijo, mientras que un pariente emplaza entre las piernas del fallecido una piedra  sagrada que representa al antepasado del linaje. El jefe, en solitario y enfrente de la persona muerta,  le dirigirá las últimas palabras: ‘Has partido, solo, todos están tristes, vas hacia un pájaro, en el otro mundo, nos encontraremos, pero no regreses a la tierra, nosotros te alcanzaremos. Ahora, vete´.  Suena  de nuevo la trompeta y el muerto es descendido a su tumba sobre la que reposa una cubierta de cerámica agujereada desde la cual  su alma podrá escapar de su cuerpo terrestre. Finalmente un hombre joven  danza en solitario, apartado del resto, representando al difunto, marcando así el final del ritual funerario.

© Fotografías Afrika Pasifika

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