Pigmeos Baka

  
Los pigmeos eran ya conocidos desde la antiguedad más remota. Homero los menciona en la Iliada y dice: “Así profieren sus voces las grullas en el cielo cuando llevan la ruina y la muerte a los pigmeos, moviendoles desde el aire cruda guerra“. Numerosas narraciones guardan relación con la de Homero; pero Aristóteles dió el máximo valor a la leyenda al escribir: “Las grullas van hasta los lagos situados más allá de Egipto, de los cuales nace el Nilo; por aquellas tierras viven los pigmeos y esto no es fabula, sino la verdad pura.Tal como dice la relación, hombres y caballos son de cuerpo pequeño y viven en grutas“.

Los baka del África Central, que en razón de su baja estatura reciben el nombre de pigmeos, habitan las selvas en armonía con la naturaleza. Su existencia es tradicionalmente nómada, cazando y recolectando la mayor parte del año y viviendo en campamentos temporales junto a sus vecinos agricultores los bantúes. Con estos últimos intercambian carne y miel obtenida en los bosques, por alimentos que no les resultan esenciales aunque si muy apreciados, como las bananas, macabo y la mandioca. Esta relación de trueque se amplia hasta alcanzar una alianza de combate frente al bosque tropical, enemigo implacable que engulle los campos de cultivo de los bantúes. Las mujeres pigmeas levantan chozas cupulares o semicirculares (paravientos) de juncos entretejidos cubiertos con grandes hojas a manera de tejas, utilizan como lecho un simple tronco plano.

Los baka, deficientes en las técnicas agrícolas basan su filosofía de supervivencia en el beneficio inmediato sujeto a su amplio conocimiento de la selva,a su gran habilidad como cazadores o , simplemente a una cuestión de suerte. Su estatura, algo más de 1,40 m de media en los varones adutos y apenas 1,35 m en las mujeres.

Son mesocéfalos, con ligera tendencia a la branquicefalia, carecen enteramente de arcos ciliares y son marcadamente prognatos. Su naríz es muy ancha, con la raíz baja, el lomo bajo y ancho, y el perfíl recto o cóncavo. Tienen los labios de grosor medio, los ojos castaño oscuro y su pelo negro es lanoso, basto y crece en espirales cortas, enrolladas muy fuertemente y separadas entre sí por espacios pelados: es el llamado “pelo en granos de pimienta“, Su torso delgado tiene un aspecto infantil. los brazos relativamente largos, terminan en manos pequeñas y delicadas. Las piernas son cortas.

Entre los pigmeos, ambos sexos llevan un ceñidor de piel con el que las mujeres sujetan una suerte de falda de hierbas y hojas y los hombres un mandil de tela de corteza, rígido y quebradizo. No son aficionados a adornarse, aunque ocasionalmente se perforan las orejas, los labios y la nariz, se tatúan y se mutilan los dientes imitando a sus vecinos negros.

El ngèle, obtenido de los árboles (Pterocarpus soyauxii), es una sustancia de color rojo con la que untan sus pequeños cuerpos cuando tienen lugar las expediciones de caza. Entre sus presas pueden encontrase tanto animales pequeños como los antílopes hasta enormes cerdos salvajes, gorilas y elefantes.

Su economía esta basada en aquellos artículos que pueden ser obtenidos, fabricados y desechados instantáneamente. Los instrumentos musicales, las cuerdas, los recipientes para recoger frutos y miel, además, el material de construcción para sus chozas y las medicinas deben de ser obtenidas de los alrededores del bosque tropical. Entre los pigmeos faltan por completo las artes plásticas y la música está muy poco desarrollada. Los únicos instrumentos musicales que le son propios son un arco monocorde y un rudimentario tambor que no es sino un hoyo excavado en el suelo, que sirve de resonador, cubierto por un trozo de corteza fina, que se usa como membrana. Arco y tambor se disponen aveces juntos de modo que pueda hacerlos sonar un mismo ejecutante. Hay que mencionar todavía otro instrumento, la bramadera, un pequeño trozo de madera oblongo o romboidal que va atado al extremo de una fibra trenzada. Volteándolo con mucha rapidez produce un sonido característico semejante al bramido de un animal. La llamada sanza, una caja de palillos vibratorios, los otros tipos de tambores y la cítara, todos los cuales aparecen entre los pigmeos, son instrumentos adquridos de sus vecinos los negros.

Actualmente la tala indiscriminada de los bosques primarios africanos y los procesos de sedetarización forzosa por parte de los estados los baka, como otros tantos grupos de cazadores – recolectores del mundo, se enfrentan a cambios profundos en su tradicional forma de vida. Aquellos que deseen descubrir a este grupo étnico, deberán adentrase en la espesa selva del Dja en el sureste del Camerún, en Lobeké, Boumba-Bek / Nki y en la vecina República Centroafricana donde aún habitan las últimas familias nómadas de pigmeos, en un entorno declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Aunque aceptan la poligamia, entre los pigmeos es total el predominio de la monogamia. No pagan precio alguno por la novia, aunque el grupo familiar del marido debe compensar al de la esposa con una de sus propias mujeres, en lo que podría llamarse matrimonio por canje de mujeres. Cuentan el parentesco por las dos líneas, paterna y materna, aunque la residencia es virilocal (la mujer pasa a vivir donde lo hace el marido) y ciertos tabúes alimentarios solo se heredan patrilinealmente. El único grupo efectivo por encima d el a familia es la banda, asociación muy laxa de, como máximo, veinte familias, que cazan, recolectan y acampan juntas, compartiendo el trabajo y su producto. No hay entre ellas jerarquía, ni en general hay en la banda instituciones políticas diferenciadas.

  Las decisiones se adoptan por el consenso de los adultos de los dos sexos, y el orden se mantiene informalmente. La simbiosis en que muchos pigmeos vven con los negros adopta la forma de relaciones personales de clientela. En común con ellos celebran la ceremonia nkumbi de iniciación y circuncisión de los muchachos, que vincula a negros y pigmeos en una especie de hermandad de sangre. La iniciación de las muchachas en la pubertad se reduce a un período de reclusión poco rígida durante el que recíben diversas enseñanzas.

Los pigmeos no rinden culto alguno a los antepasados y sus creencias escatológicas son muy simples. Cuando muere el hombre perece, además de su cuerpo, parte de su alma. No sobrevive más que el borupi que en vida se manifiesta en la pulsación. Los pigmeos creen además en la fuerza impersonal llamada megbe, fuerza vital ligada a la sombra y la sangre, y que tanto su dios supremo como varias de sus figuras míticas poseen en grado sumo. La dignidad y el poder de cada hombre dependen de la posesión de esa fuerza, de la que los ancianos tienen gran cantidad; por eso es prudente obedecerles y locura el despreciarlos. La fuerza vital de un hombre que va a morir pasa en parte al animal totémico y en parte es aspirada con el último aliento del moribundo por un hijo de este.

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