Foumban, Sultanato de Artístas

Son las cinco de la mañana y desde la cama, envuelto entre las sábanas, contemplo sorprendido y asustado como una figura envuelta en amplia túnica se pasea en plena oscuridad. El cansancio acumulado tras un viaje agotador e interminable desde Douala, trescientos kilómetros encajonado en el incómodo asiento de un viejo autobús, no me permite reaccionar; saltar corriendo ante la presencia de un desconocido. Veo cómo el inesperado visitante se dirige al balcón, abre las puertas y situándose de espaldas a mí  sale al exterior. Allí  levanta sus brazos y emplaza sus manos a la altura de las orejas: “… Dios es el más grande… Testifico que Mahoma es el mensajero de Dios. venid a la oración. Venid a la Salvación. Dios es el más grande… No hay más Dios que Dios…” A la adhan que surge desde mi habitación se le unen una docena de voces que se elevan desde los alminares que se esparcen aquí allá, sobresaliendo entre las humildes viviendas que se pierden en la oscuridad de la noche africana. Respiro incrédulo y aliviado.

Los relámpagos iluminan con violencia el desdibujado firmamento. Los truenos desgarran el silencio nocturno como si Israfil tocára la trompeta que anuncia el fin de los tiempos. El cielo tiembla enfurecido y sin contemplaciones apenas si  tarda  en desplomar su fiereza. Llueve como jamás había visto. Nada invita a abandonar la seguridad y el calor del hogar aún así y minutos más tarde uno tras otro, los fieles acuden en silencio a la mezquita. La concentración religiosa tiene lugar justo debajo donde me encuentro. La monotonía de su clamor, la monotonía de sus cantos alabando a Dios impulsan inconscientemente en mi interior. Mi propia dua que ayudará a recobrar el sueño ansiado. Los juegos y gritos de los niños en su camino a la escuela,  la incesante y monótona música bamun que suena a todo volumen, salida de  no se sabe muy bien donde, interrumpen mi deseo de descanso. A las seis y media estoy ya en pie.

Desde el mismo balcón donde el muecin convertía las primeras horas del día en una mágica letanía de invitación a la salvación, contemplo la silueta del antiguo Palacio de Ibrahim Njoya. Envuelto en la niebla matinal , un juego arquitectónico se debate entre los más variados estilos europeos y un cierto perfume africano. Surge majestuoso, dominando el paisaje urbano del Sultanato de Foumban.

En el corazón de una África desconocida, al noroeste de Camerún, Foumban guarda un interesante legado histórico y cultural marcado por la influencia de la dinastía fundada por Nshare Yen en el año 1394. Llegado desde la Adamoua, este joven príncipe nieto de Mforifum rey tikar de Mbakim, se asentará en Rifum en el valle del Mban sometiendo a las tribus mboum, ndob y tumu. Más tarde cruzará el río Noum, hoy puerta de entrada al país Bamoun, en dirección a la aldea de Njimon donde se hará con la jefatura local y se proclamará rey de los Pa- Mban del cual derivará el nombre  de bamun.

Con el deseo de ampliar su esfera de poder y atraído por la fertilidad de las tierras altas de esta región africana, alcanzará Mfom-Ben que muy pronto se convertirá en capital y será conocida como Foumban;  nombre surgido de la asociación de fom: ruínas y fbèn: poblada. Aquí, en “las ruínas pobladas“(por Nshare Yen) se levantará un palacio donde habitará la realeza y  sus descendientes llevarán un existencia tranquila y alejada de las conquistas y la guerra. No será hasta la llegada al trono de Mbwé-Mbwé en 1557,  en que el espíritu guerrero bamun despertará de nuevo con el ferviente deseo de extender los dominios del territorio entre los rios Mban y Noum con el objetivo de  defenderse de las invasiones fúlbé. Amante de la guerra y de los hábitos crueles  y despiadados no tan sólo someterá bajo su poder a un gran número de jefes, con él, la vida de palacio respirará cada nuevo día con  conspiraciones de poder; la estratificación política y social se intensificará y se complicará laberínticamente como la propia arquitectura interior de palacio. Esta administración conjugada con príncipes y princesas, sirvientes y esclavos, consejeros políticos, jefes, nobles y portavoces reales tocará a su fín con la subida al trono de Njoya.

Túnicas, bonetes y faldas. Blusas y pañuelos estampados en intensos colores, se enredan en la sombra que proyecta el minarte de la mezquita. A su alrededor se despliegan cientos de puestos que conforman el mercado local. Verduras, legumbres y frutas exóticas. Perfumadas especias, reseco pescado ahumado y enormes pedazos de  carne sangrienta. Los ancianos exponen sus productos destinados  a la medicina tradicional como medio para prevenir  enfermedades. Muestrario curioso que rayan el surrealismo y  que   podría provocar la envidia de artistas de salón occidentales. Del mismo modo aquí y allá aparecen  tenderetes y comercios donde encontrar amuletos, collares y pulseras adornadas con cauris y pequeñas perlas africanas; tejidos llegados de Cotonou y Dubai, con los que las mujeres confeccionarán sus hermosas aunque recatadas  vestimentas.

Cada viernes al mediodía en la Gran mezquita, justo en frente de los antiguos aposentos reales, los fieles acuden a la oración. El sultán les acompaña y en su paseo hacia el recinto religioso su imponente y solemne figura  es ensalzada  por el sonido de trompetas y la frenética  percusión de los tambores. Ante su presencia los hombre  inclinan  con excesiva reverencia la mitad superior de sus cuerpos o se arrodillan levemente bajando sometidos sus cabezas. Lanzados al aire cálido y pegajoso,  los gritos  de las  jóvenes y ancianas sumisas sin duda, como las numerosas esposas del rey. Abanicado por sus sirvientes con plumas de pavo real, tocado con un turbante blanco inmaculado y ocultando sus ojos tras unas enormes gafas de sol, así se presenta el Sultán de Foumban ante un  ritual semanal  que no supone para las gentes del lugar más que el fluir rutinario de su compromiso tradicional y espiritual. Sin embargo para el visitante extranjero se convierte al instante, en una estampa exótica y  llena de colorido… un viaje en el tiempo alejado de la convencionalidad de sus vidas. Sin lugar a duda la admiración que profesa el pueblo bamun hacia su soberano,  queda expresado con la sublime celebración del Nguon y los festejos que exigen el fin del Ramadan.

Ceremonias ancestrales, danzas rituales con máscaras y atuendos tradicionales. Músicos y griots (guardianes de la memoria) invaden Foumban cada dos años. El Nguon, festividad impregnada de una fuerte espiritualidad y carácter político es una de las celebraciones más espectaculares  de toda el área del Golfo de Guinea. Durante tres días ritos y costumbres se expresan a través de una población absolutamente entregada y orgullosa de su identidad cultural. En estos momentos es cuando Ibrahim Mbombo Njoya abandona su palacio para cesar distinciones de clase y privilegios, para ser “juzgado” públicamente por sus súbditos.

La sociedad secreta Nguon acude el viernes por la noche a la residencia del  soberano, lo hacen haciendo sonar sus tambores en plena oscuridad hasta llegar a una de las salas de palacio que tras la entrada del último miembro de la comitiva, será iluminada junto a las demás estancias y recintos exteriores de la mansión real. Hasta allí acude a media noche el sultán, a quién los miembros de la Nguon expondrán las quejas de su pueblo o aquellos problemas o injusticias que tengan lugar en el reino. Cuando se retire, tocarán sus instrumentos y bailarán durante toda la noche. A la mañana siguiente el sultán dará una vez más la bienvenida a la sociedad secreta y de esta recibirá en una ceremonia llamada Sha’pam, medicinas tradicionales destinadas a ayudarle en el buen gobierno del país. A continuación se dirigirá al Nja y en este espacio público, en vez de permanecer sentado en su trono decorado con perlas, permanecerá de pié mostrando de esta manera su igualdad ante el pueblo el cual  expondrá  sus preocupaciones, propuestas, planteamientos e incluso críticas a su política.

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Para que el sultán adopte justas decisiones los componentes de la sociedad secreta Mut-ngû, llamados Pa-na Mut-ngû o portadores de las lanzas de la justicia ( kû-mut ngû), emplazarán estas a ambos lados del rey y finalmente se sacrificará entre lanzas a un cordero, invocando el favor de los espíritus de los antepasados.

En el pasado remoto el inicio de la cosecha del maíz y el mijo, a principios del mes de agosto, era anunciada por la algarabía de los saltamontes que hambrientos acudían a los campos de cultivo. La recolección de los frutos que daba la tierra ante el duro esfuerzo de los campesinos era celebrada con una festividad que recibiría el nombre de este pequeño insecto. En Mokup y bajo el gobierno de Mfo Mokup, amigo y aliado de Nshare Yen, la sociedad secreta de la jefatura Nguon recorría la población y  sus alrededores para asegurar en tiempos de cosecha que los aldeanos hiciesen llegar los productos agrícolas al cacique local. Una vez en destino, estos eran equitativamente redistribuídos entre las gentes y la mercancía sobrante, almacenada en los graneros reales como previsión para enfrentarse a tiempos precarios. Conquistando aquel pueblo, el príncipe tikar mantuvo esta tradición y celebró su primer Nguon en el año 1395.

King njoya

En 1924 año en que Ibrahim Njoya fue despuesto de poder, la presencia colonial francesa en Camerún prohibió el Nguon sin embargo y tal y como pretendía no consiguieron debilitar la identidad cultural de este pueblo africano, pues como decididamnete afirman hasta día de hoy “… el Ngoun es como la sangre de Nshare Yen, corre por las venas del pueblo bamun…” Durante el reinado de Njimoluh Njoya, padre del  actual sultán , la  festividad se celebró  tan sólo en cuatro ocasiones y  entre los años 1933 y 1992. Hoy y  por razones puramente prácticas y que se adaptan a las circunstancias que exige el mundo contemporáneo el Nguon, que antaño era celebrado todos los meses de agosto, fue trasladado a diciembre y se le concedió un carácter bianual. De esta manera se evitan las posibles molestias climáticas de las estación de lluvias, que en ocasiones han impedido el buen desarrollo de la fiesta  y se abre a una mayor asistencia por parte de aquellas personas que integran las comunidades bamun residentes en otras ciudades y poblaciones de Camerún y  también del del extranjero. Al mismo tiempo se concede un período más amplio para la  reunión  que permite identificar los problemas ante los cuales se encuentra el País Bamun: incremento de la población, pobreza endémica, precariedad en las ayudas financieras a la agricultura, educación y sanidad y otros asuntos relevantes. La reforma constitucional que se produjo en la República de Camerún en 1990,  aunque tan sólo en términos relativos a la tenencia de la tierra, educación y admistración de la justicia, reconoció parcialmente la autonomía del Sultanato de Foumban. Sultanato gobernado en la actualidad por Su Majestad Ibrahim Mbombo Njoya, la mayoría de sus  habitantes son artistas y maestros artesanos. Antes de adoptar el islam  los bamun, de quiénes se afirma llegaron desde El Nilo, creían en la existencia de un ser supremo al que llamaban Nyinyi. Ahiora son musulmanes aunque las supersticiones y creencias del pasado perviven y se fusionan con el mensaje de Alá  que trajeron consigo aquellos  misioneros nigerianos durante el reinado de Njoya.

Tras adoptar la nueva religión, el diecisieteavo rey de Foumban se proclamó sultán no sin antes crear y dejar escrita una doctrina en la que convergía versículos islámicos, elementos animistas y conceptos cristianos. Éste hecho resulta evidente a la hora de valorar la intensa producción y exhibición artística que en la región se produce, además de tener en cuenta  prohíbición en la recreación de imágenes que expresa el islam.

House Foumban

El largo reinado de Ibrahim Njoya marcado por la llegada de los alemanes en 1902, fue el más conocido de la historia y fuertemente influenciado por una personalidad que ávida de curiosidad e iniciativa le otorgó el privilegio de contar con una lengua propia única que creó el mismo y que hoy todavía son capaces de hablar unos cuantos bamun. Haciendo uso de distintas lenguas africanas y europeas, entre las que se encontraban el hausa, el alemán, el inglés y el francés, fue bautizada como Shumon y a partir de 1918 su escritura sería enseñada en las escuelas; para más tarde hacer uso de ella en actos y escritos oficiales. El arte bamun, emparentado con la expresión bamiléké, adquirió con su presencia un extraordinario impulso que alcanzó cotas fabulosas de perfección y refinamiento.

El Museo de Artes & Tradiciones Bamoun permite contemplar este riquísimo patrimonio artístico mediante la exhibición de originales pipas de bronce, máscaras y estatuas de extraña belleza;  y preciosos paneles tallados en madera que relatan Leyendas, batallas y  usos y costumbres cotidianas.Visitando sus salas se descubren los modos de vida del pasado a través de instrumentos musicales, ropajes, utensilios empleados en la vida diaria, en las expediciones de caza o en la guerra.

No hay que olvidar que para ser testigo de esta prolífica creación artística que parece no cesar en ningún momento del día,   es obligación recorrer con tranquilidad la Rue des Artisans. Una larga vía  sin asfaltar y sombreada por gigantescos árboles a cuya sombra  se suceden uno tras otro comercios,  tiendas y talleres donde hombres , jóvenes y ancianos, se afanan esculpiendo la madera o fundiendo el bronce mediante la técnica de la cera perdida. Estos comercios auténticos bazares en miniatura, donde cientos de piezas de arte y artesanía intentan hayar su propio espacio, se pueden encontrar preciados tesoros artesanales, bellas piezas y objetos de interesante tradición y antigüedad.

Visitando Buea al suroeste del Camerún y  en 1908, el Mfon Njoya quedó maravillado ante la imponente presencia de la residencia del gobernador alemán. De regreso a su patria, no tardó mucho en ponerse manos a la obra y emplearse en dibujar los planos de lo que en un futuro sería su residencia real. Hoy se puede visitar este edificio singular que  el mismo diseño y mandó construir en 1917.  Ciertamente una maravilla arquitectónica que fue levantada con ladrillos fabricados utilizando una mezcla de cenizas, resina y aceite de palma. En 1984 fue concluida su restauración por la UNESCO, labor que exigió seis años. Allí Njoya vivió rodeado de una corte ciertamente fastuosa aunque a pesar de los lujos, comodidades y privilegios y la  acusación añadida de los franceses que le describían como “un negro tirano“, no le impidieron distraer su atención a la hora de preveer a sus ciudadanos garantía de bienestar y sentido de orgullo nacional.

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Tan sólo es suficiente con visitar el museo que se encuentra en el recinto del palacio para que en pausada observación se atestigüe la inquietud e ingenio del monarca. Entre una magnífica colección de máscaras utilizadas en la danza, escultura, artilugios musicales, joyería, tronos delicadamente esculpidos y armas de guerra se descubren los manuscritos del rey: un interesantisimo compedio de símbolos pictograficos y dígitos que guardan registros civiles, eventos históricos e investigaciones en medicina local. El mismo Ibrahim Njoya, entre otros ingenios,  inventó un molinillo para triturar el maíz.

Autor de una doctrina religiosa y del libro “Historia de las leyes y costumbre Bamoun”, lo que más sorprendió a los primeros europeos que visitaron Foumban, fue el mapa que del territorio había hecho cartografiar a su hermano Nji-mama.

A los cuatro años Ibrahim Njoya, y entre la cuarentena de sus hermanos ya adultos,  fue designado por su padre  como su  sucesor.  Quizás fue una premonición del  belicoso Nsangou, que antes de partir a la guerra y a sabiendas de que ya no regresaría nunca más, dejar en buenas manos el futuro de su reino. Bajo la protección del lamido fulbé de Banyo, que le defendió de los fieros guerreros enviados por dos de sus hermanos alentados por las conspiraciones de Bentkom; consejero real de su madre Nzabndunk una  mujer sedienta de poder,  fue entronizado a los quince años. Sufriendo un exilio impuesto por las autoridades francesas murió exiliado en Yaoundé no así su recuerdo, que pervive al paso del tiempo y resguardado en lo más profundo del alma bamoun.

Texto & Fotos: Afrika Pasifika (Excepto Fotografías B/N)
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