Allah Tikam: Los Koma de los Montes Alantika


De todos los grupos étnicos que habitan el Camerún los koma, “pueblo perdido” en lengua kanuri, son sin lugar a duda uno de los que se mantienen más fieles a la tradición. Desconocidos hasta hace una década, pocos occidentales han visitado la remota región de los Montes Alantika. Sin embargo, el turismo creciente que acude a visitar las últimas fronteras africanas, los misioneros fundamentalistas americanos con sus agendas evangelizadoras destinadas a convertir a los paganos y los esfuerzos del estado camerunés para adoctrinarlos dentro de la corriente social dominante, hacen que en los albores del nuevo milenio este pueblo pagano, aislado durante siglos, deba enfrentase a amenazas hasta ahora desconocidas que puedan poner en compromiso su existencia.

País de grandes contrastes, el Camerún podría dividirse en tres grandes áreas climáticas y culturales; el Norte, árido y pedregoso, rodeado por los Montes Mandara y el Río Logone, es una región con una gran diversidad étnica: los peul y àrabes-shoa son los dos grupos mayoritarios y profesan el Islam, estos últimos son todavía nómadas. En las montañas habitan los kirdi (paganos en lengua peul), son los últimos grupos animistas de esta región africana. Entre ellos encontramos los mokolo, massa, musgum, matakam, koma, etc. Es en ésta región donde se sitúa uno de los parques de fauna africana más importantes de la región del Sahel : el Parque Nacional de Waza (con una población numerosa de elefantes, leones y jirafas).

 El Centro Oeste, es una gran meseta conocida como Grassland Plateau por el tipo de vegetación herbácea que la puebla. De clima suave, el Centro Oeste es sin duda la región de las grandes civilizaciones. Encontramos a la naciones bamun y bamileke, con sus fons o caudillos tribales que gobiernan desde sus palacetes (algunos de ellos construidos durante la administración colonial alemana). Estos grupos étnicos tuvieron su primer contacto con los portugueses (s-XVI), después con los alemanes, y finalmente con los franceses. Por tal motivo, la mayoría de esta gente profesa el cristianismo, y la occidentalización en la vestimenta es notable (sobre todo en los hombres). No obstante, tanto los bamun, como los bamikele mantienen un fuerte arraigo con sus tradiciones ancestrales. Los estereotipos etnocentricos terminan inevitablemente por distorsionar nuestra mirada, haciendonos ver lo que nos interesa y no necesariamente lo que les interesa a los koma como pueblo. En este sentido, existe la necesidad de potenciar el diálogo con la comunidad musulmana y los misioneros cristianos.Finalmente, encontramos el Sur ecuatorial con sus frondosas selvas tropicales y ríos caudalosos. Es en esta húmeda y despoblada región donde encontramos los descendientes de los primeros habitantes del Camerún, y probablemente de toda África; los pigmeos. El pigmeo o bayaka (“hombre del bosque”) ha sido tradicionalmente cazador y recolector, llevando un estilo de vida nómada. A partir del siglo XVIII llegaron a esta región procedentes del Congo grupos bantúes que desplazaron a los pigmeos al interior de la selva. De estos pueblos invasores destacamos los batanga, los fang ( también los encontramos en Guinea Ecuatorial ), y los bulu, etnia a la cual pertenece el actual presidente del Camerún, Paul Biya.

Maravillados por la cantidad de gambas de agua dulce (camaroes) que habitaban en los caudalosos ríos de aquella región del Golfo de Guinea, los portugueses bautizaron la zona con el nombre de “Camaroe“, que con el paso del tiempo se convirtió en Camerún. Establecidos básicamente en las costas africanas, manteniendo relaciones comerciales con los reyezuelos locales, los portugueses fueron relegados por las grandes potencias europeas (Francia, Inglaterra y Alemania) mediante el Tratado de Berlín (1884-1885), donde literalmente el “Continente Negro” fue dividido como si se tratase de un gran pastel. Es a partir de esta nueva etapa de colonialismo militar, económico y cultural que el actual Camerún fue tomando forma.

Desde mediados del siglo XIX hasta 1918 los alemanes fueron configurando la forma geográfica y política de lo que hoy en día conocemos como Republique du Cameroun. Después de haber sometido a los diferentes reinos esparcidos por todo el territorio centro africano, los colonos alemanes empezaron a crear una importante red de infraestructuras (carreteras, tren, puertos) en razón de poder explotar los recursos económicos de la nueva colonia. Utilizando a la población autóctona como mano de obra barata la administración colonial inició la explotación de los, hasta ahora vírgenes, bosques tropicales, así como la obligación de las poblaciones locales a adoptar nuevos tipos de cultivo más rentables desde el punto de vista económico. De esta forma se introdujeron el algodón (Norte), el café (Oeste), el cacao, y el aceite de palma (Sur) que sustituyeron a los cultivos tradicionales y que ligaron a los nativos hasta el día de hoy a la fluctuante economía mundial. Sin embargo el colonialismo europeo, no tan sólo representó un profundo cambio socio-económico para la población local. De la mano de los colonos llegó también la figura de misionero, y con ella una nueva manera de interpretar el mundo.

La tarea colonizadora de los alemanes fue relevada por la de los ingleses y los franceses a partir de la derrota de Berlín en 1918. El Kamerun de Bismark fue arrebatado por las dos potencias europeas que lo dividieron a partir de la victoria sobre Alemania: The Cameroons (Oeste) bajo tutela británica, y le Cameroun (Este) controlado por Francia. Aprovechando el trabajo realizado por sus predecesores, tanto los franceses como los ingleses continuaron explotando los recursos naturales que ofrecía la colonia africana. Alcanzada su independencia en el año 1965, el Camerún continuó bajo la tutela de occidente, ya no tanto directamente de la metrópolis si no, más bien, de las multinacionales. La extracción de maderas nobles, minerales y productos agrícolas deja pocos beneficios al pueblo camerunés que tan solo contempla mejoras económicas en proyectos que benefician los intereses de unos pocos. A pesar del desarrollo general los cameruneses disfrutan de una tierra fértil (Centro Sur), y de grandes rebaños de ganado (Norte), que junto a la escasa población (15 millones para una superficie como la de España) y el elevado índice de alfabetización hacen que el nivel de vida sea uno de los más altos de la región.

El Islam en el siglo XVIII y el colonialismo europeo a partir del XIX aniquilaron o asimilaron a un gran número de pequeñas tribus de cazadores recolectores que habitaban las llanuras del sur del Sahara. Con la intención de preservar su identidad algunos miembros de estas etnias aborígenes huyeron, refugiandose en las zonas más remotas e inhóspitas de la región. Este fue el caso de los koma, que se escondieron en la región de los Montes Alantika, cuyo nombre significa – allí donde Ala no llegó – del Kanuri, Allah Tikam. Antiguamente se cree que habitaron los valles fértiles del Río Benué. Esta pequeña serranía con escasa vegetación se encuentra situada al norte de la población de Poli ( División de Faro-Província del Norte). El número de koma no pasaría actualmente de los 30.000 individuos entre los de Camerún y los de Nigeria, donde se encuentra la mayoría de su población. Entre los habitantes de montaña existe una alta mortalidad infantil (70%) y una esperanza de vida que pocas veces supera los 45 años de edad.

Etnológicamente esta etnia se situaría dentro del grupo Paleo-Negrítico, i.e. la raza que junto a los pigmeos y los bosquimanos forma parte de la capa poblacional más primitiva (original) del Continente Africano. Son de la familia lingüística Niger-Congo, lengua relacionada con el PAPÉ. Como la mayoría de las poblaciones de montaña del área del Sahel, los koma viven de la agricultura de subsistencia basada en el cultivo de mijo en terrazas ( la ëbil-bilí o cerveza de mijo es una bebida muy apreciada). Es una sociedad patrilineal, patriarcal, y polígama. No resulta extraño encontrar hombres casados con más de una mujer. También es interesante destacar la igualdad entre sexos ya que ambos se dedican de lleno a las tareas agrícolas y al cuidado de los niños. En las sociedades islamizadas o cristianizadas del valle la igualdad de genero es más acusada.

La agricultura de subsistencia que practican los koma esta basada en el cultivo de diferentes variedades de mijo (blanco, rojo, negro). Otros cultivos están representados por el ñame, los cacahuetes, bananeros, limoneros, maíz y calabazas.Poseen pequeños rebaños familiares de cabras y bueyes (que tan solo son sacrificados en festividades particulares). Para el transporte de productos y gentes utilizan asnos. Otros animales domésticos serían las gallinas, por sus huevos; los gatos y perros como animales de compañía, estos últimos utilizados a un mismo tiempo para las actividades de caza.

La dieta se complementa con la recolección de raíces, frutos salvajes, y con la caza (arco y fusil) de aves como la perdiz, antílopes, y la pesca de peces en los riachuelos. Muy pocos koma utilizan el papel moneda para adquirir productos. En las montañas el intercambio es lo que funciona, y en las contadas ocasiones que bajan a los mercados del valle (tan solo lo hacen los hombres), intentan vender algún saco de cacahuetes para poder comprar sal, tabaco negro, arroz, carne (muy pocas veces matan a sus animales), alguna ropa y zapatillas. El hecho que desde hace ya unos años desapareció la profesión de herrero, obliga a los saapé a comprar en Poli herramientas para cultivar.

Koma (Joan Riera)

Los koma son mayoritariamente animistas, tan sólo existen casos numerosos de individuos cristianizados o islamizados en los pueblos cercanos a la llanura. Entre la poblaciones más tradicionalistas de las montañas, el culto al antepasado fundador ( ” líder de la tierra” o ” líder de la montaña ” ) y sus descendientes directos es un elemento clave en la vida diaria. Existe una clara relación entre este culto y los ritos agrícolas, y cada año se producen simultáneamente ofrendas a los ancestros y a la tierra que ellos controlan. Las mujeres ofrecen a las piedras consagradas una especie de pasta producida a partir del mijo; las piedras donde el aliento del muerto se ha asentado. Cuando muere un joven, se considera una desgracia, mientras que cuando lo hace un anciano se celebra con gran alegría. Los hombres hacer sonar unas flautas en forma de pipa, mientras que las mujeres suben encima de los techados de paja y hacen sonar calabazas secas. El muerto se envuelve en tela y es la casta de los herreros la que ha de cargarlo a hombros y llevarlo a enterrar mientras se danza en el camino.

Las construcciones koma en general se caracterizan por estar completamente en simbiosis con el entorno geográfico de las montañas en las que se construyen. Las construcciones de planta cuneiforme se agrupan en la mayoría de ocasiones en áreas donde se sitúan las grandes rocas y donde la vegetación es más escasa. Esta práctica se debe a que la región de los Montes Alantika carece de extensas porciones de tierra cultivables, y por esta razón cualquier palmo de tierra donde pueda plantarse el mijo es aprovechado. De generación en generación, los habitantes de la montañas han ido transformando el paisaje Incluso en los roquedales más empinados han construido pequeñas terrazas, donde plantan sus cultivos. A menudo las dimensiones de estas plataformas pedregosas no son mayores que los de una mesa, y los senderos que las cruzan siguen las formaciones rocosas naturales. En las cuevas y cavernas del macizo se pueden encontrar refugios de espíritus y lugares de sacrificio que sirven de culto a los antepasados.

La construcción de depósitos, viviendas, cocinas, y establos todavía se realiza siguiendo las pautas de la tradición, que nadie se atreve a cuestionar. De este modo, por ejemplo, las tumbas de sus antepasados son muros cilíndricos de piedra donde en su interior se coloca al muerto de cara a la casa. De esta manera ejerce un control constante de todo aquello que ocurre en la vivienda, los graneros y establos. La construcción del poblado se basa formalmente en símbolos transmitidos de generación en generación, y que tan sólo pueden comprender los más viejos de la comunidad.

La costumbre hace que siempre se construya de la misma manera, quizás por que no es deseo un cambio sin motivo justificado, y que es conocido desde hace siglos. La disposición de un poblado Koma refleja el orden jerárquico de su sociedad. Para acceder a su patio interior es preciso atravesar la casa del cabeza de familia.

De esta forma, el caudillo familiar puede obtener siempre el control de aquellos que entran y salen. La rígida distribución interior de las casas destinadas a las mujeres, niños y animales, o para almacenar la cosecha se corresponden con una ordenación exterior, y de aquí que el mimetismo de los materiales empleados resulte tan perfecto y que el paisaje absorba casi en su totalidad a la infinidad de poblados situados en las pendientes de las montañas. La utilización de piedras y fango para la construcción de los muros, así como de la paja seca del mijo para cubrir los techos, crea una armonía extraordinaria con los parajes de su entorno.

Koma (Joan Riera)

A pesar de que los koma han vivido aislados de la llanura islamizada y de los efectos directos del colonialismo europeo hasta fechas muy recientes, se puede afirmar que las cosas han comenzado ya a cambiar en los Montes Alantika. A finales de la década de 1980, grupos de misioneros cristianos de denominaciones protestantes iniciaron la creación de pequeñas capillas en los alrededores de los montes, con la intención de convertir progresivamente a los nativos. Estas campañas “civilizatorias” están amparadas, de una forma u otra, por por el gobierno local y estatal ya que estos lo interpretan como una forma de desarrollo: con la adoctrinación de los “salvajes”, se produce un cambio en la manera de trabajar, de vestirse, en definitiva de entrar de lleno en la sociedad oficial camerunesa o nigeriana. Sin embargo y teniendo en cuenta los esfuerzos de los misioneros, un numero muy reducido de koma ha renunciado a sus ritos animistas para acudir a misa los domingos.

Junto a las diferencias de credo dentro del mismo grupo étnico de los koma, provocado por la división entre aquellos que todavía habitan las montañas y los que han descendido a la planicie existe, a un mismo tiempo, un cambio radical en las tradiciones como pueden ser los ritos relacionados con la iniciación, la muerte o la cosecha, e incluso la vestimenta. Mientras la cultura tradicional sigue viva en las montañas, los koma que han ido descendiendo con el transcurso de los años a los valles más poblados, han asimilado la forma de vida de este territorio. Así , vemos, como el vestido autóctono basado en un calzón tejido de algodón para los hombres y hojas y cuentas de vidrio que ocultan el sexo de las mujeres es sustituido por telas importadas y ropa occidental.

Al adoptar el credo musulmán muchos cánticos y rituales festivos son también paulatinamente abandonados. Paralelamente al cambio “espiritual” y ceremonial vemos como las familias que descienden hasta el valle, se ven obligadas a adaptarse a nuevas formas de producción agrícola. El hecho de encontrarse lejos de los mercados y apenas utilizar el papel moneda ha permitido a los koma de las montañas seguir practicando la agricultura de subsistencia, la caza y recolección como fuentes de alimento. Por el contrario, el koma que abandona los montes deberá practicar la agricultura intensiva para poder pagar con el producto que venda (algodón y cacahuetes) el alquiler de las tierras, así como los nuevos productos ( ropa, cazuelas, jabón, herramientas…) que exige la “vida moderna”.

La administración local es aquí musulmana y con una idea de progreso heredada del colonialismo francés y británico: “hay que hacer bajar de las montañas a los pueblos paganos y convertirlos en ciudadanos útiles.” Los misioneros, en su mayoría sectas protestantes desafortunadamente sustentadas en un fanatismo muy alejado de la esencia de la doctrina cristiana, representan un contra poder a esta administración musulmana y se encuentran apoyados financieramente por instituciones locales y extranjeras; tienen como objetivo evangelizar las poblaciones más remotas del mundo y “liberarlos” de su arcaísmo.

Koma (Joan Riera)

Paralelamente a la llegada de las religiones oficialistas, el turismo llamado de aventura ha penetrado de forma alarmante en las vidas de muchos koma, sin tan siquiera haberlo decidido ellos. Los tour operadores han encontrado “la última frontera” donde organizar trekking y establecer “contacto con pueblos exóticos.” Ante todos estos elementos externos de presión los koma se encuentran ante un proceso de objetización. Todas las partes, políticos, misioneros y turismo aunque en desacuerdo, pretenden decidir el futuro inmediato de de este pueblo de montaña que ha habita durante siglos los Montes Alantika.

Los Montes Alantika son el hogar de los koma y su historia esta reflejada y vive en el paisaje. Por esta misma razón deberíamos considerar que es a ellos mismos a quiénes debe concederse la libertad para cambiar a su propio ritmo, si es que así lo desean, adoptando lo que ellos consideren que les beneficia del mundo moderno y rechazando aquellas intrusiones que tan sólo puedan dañar su espíritu y herencia humana y cultural.

Texto: Joan Riera & Afrika Pasifika

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